miércoles, 23 de febrero de 2011

La chica chubasco


Era una chica chubasco. Sobre su cabeza vivía una nube, a veces negra y otras blanca (como la leche del desayuno). Había estado allí desde siempre.Por lo tanto, estaba acostumbrada a que, cada tanto, ésta largara un chaparrón.

 En algunas ocasiones, se le hacía difícil, ya que no se podía poner vestidos bonitos, o arreglarse el cabello; porque cuando a la nube se le antojaba PLAAF!, largaba su tempestad y todo se le echaba a perder. Pero por otro lado, su nube le daba seguridad. Porque sabía que junto a ella, nunca estaría sola.

Bien guardada en su armario, con mucho cariño, se encontraba su colección de chubasqueros. Los tenía de todos colores; uno para cada ocasión.

Les gustaba navegar cuando la nube largaba una de sus más grandes tormentas. Para esas ocasiones, usaba su chubasquero azul océano, aquél que la hacía flotar.


Permítanme explicar como hacía la chica chubasco para entrar en espacios cerrados: A veces, no lo hacía, porque la gente era tan egoísta que no le agradaba la idea de una nube dentro de su propiedad
Otras, la chica chubasco aseguraba que su nube no se pondría negra por un rato; aunque a veces no estaba en lo cierto.
Y cuando soltaba su chaparrón no tan inesperado, debía lidiar con todas las miradas de odio.
Pero no le importaba; sabía que no tenía por qué darle explicaciones a gente cualquiera. Las únicas que importaban allí eran ella y su nube; eternas compañeras.

Pero así como alegrías, discusiones también se presentaban; aunque nunca tan extremas. Hasta un día.
La chica chubasco había conocido a alguien; alguien que la hacía sentir especial, diferente a todas las demás.
Cuando su nube se comenzó a dar cuenta de aquella situación, sintió algo nuevo. Celos
La nube celosa, le planteó su problema a la chica chubasco. Ésta le contestó que no tenía por qué sentirse así, ella nunca dejaría de amarla.
Pero un día, tenía una cita con aquella persona que tanto la animaba a revolotear; aquel que llevaba a ésta a perder el apetito, desperdiciando así, la comida que con tanto amor le preparaba su nube.

Quería maquillarse y arreglarse, por primera vez en su vida. Para esto, debía hablar con su nube. Así que la miró y dijo:

- Nube, hoy es un día especial para mi. Y me gustaría lucir diferente – se animó a decir
-       Siempre estás linda – contestó enojada su nube
-       No dije linda. - hizo una pausa y continuó- Dije diferente. Sólo por un día
-       ¿No quieres que él te vea a lo natural?
-       Quiero arreglarme para mí. Para nadie, sino que para mi misma. Quiero verme desde otra perspectiva
La nube lo meditó un segundo y rompió a llorar.
Cuándo el suelo de la casa comenzaba a transformarse en una laguna, la chica chubasco dijo:
-       Está bien nube, déjalo. Iré así, como siempre.
-       No – ya comenzaba a parar su tormenta – Te dejaré. Literalmente. Me iré y así podrás probar todas aquellas cosas que tanto anhelas.
La chica chubasco se rió por primera vez en el día. No de gracia, sino de lo poco que se estaban entendiendo aquellas dos.
-       Pero nube, las cosas que vivo contigo, son imposibles de vivir con cualquiera – tendió sus brazos para arrimarla hacia ella – Lo que quiero, es que aquellas cosas nuevas, las vivamos juntas, apoyándonos la una a la otra.
Como dos eternas confidentes.


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